El joven y las estrellas de mar

EDUCACIÓN AMBIENTAL = EDUCACIÓN PERSONAL

Había una vez un escritor que vivía en una playa tranquila en Angra Dos Reis, junto a un pueblo de pescadores. Todas las mañanas caminaba por la orilla del mar para inspirarse y durante las tardes se quedaba en su casa escribiendo para una prestigiosa editorial.

Un día, caminando por la playa, se encontró con un joven que recogía las estrellas de mar que estaban en la playa, una por una, y las devolvía al océano.

– ¿Por qué hace esto? – preguntó el escritor.

– ¿No se da usted cuenta? – replicó el joven. La marea está baja y el sol muy caliente. Las estrellas se secarán y morirán si se quedan aquí en la arena.

– Joven, existen miles de kilómetros de costa en este mundo, y centenares de miles de estrellas de mar desparramadas por las playas. ¿Qué consigue con ello? Usted devuelve sólo unas pocas al océano. De cualquier manera la mayoría de ellas morirán.

El joven tomó otra estrella de la arena, la arrojó de vuelta al océano, miró hacia el escritor y dijo:

– Para ésta ya he conseguido algo.

Aquella noche el escritor no pudo conciliar el sueño ni escribir ni un párrafo de su novela. Por la mañana muy temprano se dirigió a la playa. Se reunió con el joven y juntos comenzaron a devolver estrellas de mar al océano.

Las metáforas forman parte de uno de los métodos de enseñanza más antiguos de la historia.

En ellas podemos encontrar un mensaje mucho más amplio que el expresado literalmente.

Cuando hablamos de Educación Ambiental estamos hablando de Educación Personal, partiendo de la base, que la educación, es el pilar fundamental para lograr cualquier cambio en cualquier sociedad del mundo.

Si hay algo que no me gusta y quiero cambiarlo, debo empezar por mí, sin esperar que primero cambie el otro.

Es imprescindible consolidar políticas de Estado, por encima de las partidarias, de esta manera los resultados serán otros y no veremos como administraciones diferentes tiran por la borda las acciones de la gestión anterior, sin importar si fueron buenas o malas y sin evaluar los costos del tiempo perdido.

El problema es que no sabemos esperar. O no podemos esperar, los resultados tienen que ser ya, “se tienen que ver” y dentro del mismo período administrativo.

Sólo emprendiendo proyectos para que los continúen otros empezaremos a crecer pero para esto tendremos que despojarnos del mayor flagelo de la condición humana, “el egoísmo”, y mirar hacia el bien comunitario.

Si comenzáramos a ver a la Educación Ambiental como un eje multidisciplinario, en dónde no sólo tratemos el problema de la basura o el reciclaje y sí también el comportamiento del ser humano con sus virtudes, defectos y  consecuencias; si comenzáramos a entender que el cuidado de nuestro ambiente no se limita sólo al cuidado de las plantas y de los animales y que está ligado directamente al respeto por nuestro entorno, respeto que hemos ido perdiendo progresivamente, estaremos emergiendo de la mediocridad que sólo nuestra especie ostenta en todo el reino animal.

La invitación es a mirar de otra manera, a generar acciones positivas en nuestra vida cotidiana, comenzando por nosotros mismos sin esperar del otro, y cuando pensamos que nada de esto sirve, que como dicen los chicos “todo mal” recordemos el cuento inicial.

Espero que usted sea uno de los que quiere hacer de este Universo un lugar mejor gracias a su presencia. Si es así, lo espero para que juntos devolvamos estrellas de mar al Océano.

Adrián Giraudo